BELLEZA

QUÉ PASA CUANDO UN ARQUITECTO VA AL RESTAURANTE DE SERGI AROLA

Anoche me enfrenté a una experiencia gastronómica a la que, si no recuerdo mal, no me había aproximado nunca: la cocina de autor. En concreto a la de Sergi Arola, al que por cierto me crucé nada más entrar mientras me retiraban el abrigo, y al que reconocí como chef instantáneamente a pesar de que no recordaba bien su apariencia… Su curriculum es bien extenso, ha trabajado con Ferran Adrià y ha conseguido, junto a Sara Fort, que su restaurante obtenga dos estrellas Michelín (y no es la primera vez que las consigue).

Nunca me he considerado una persona de paladar exquisito -aunque todo se educa-, pero una experiencia como ésta la puede, y debe, disfrutar cualquiera. Para empezar, y en ello coincido con otra crítica que he leído sobre el local, si bien la entrada al restaurante no es demasiado especial, tiene un “algo” intangible que lo hace muy agradable: no hay nada de ruido -y eso, por desgracia, cada vez es menos común-, hace buena temperatura, la iluminación es muy adecuada… El proyecto, de Vidal y Asociados, es discreto y sencillo, pero con elementos originales, como el gran frontal de armarios que se extiende por todo el lateral derecho del local, sin duda el gran protagonista cuando lo ves en acción. Una elección menos adecuada es la del mantel de piel con agujero y manchas incluidas sobre el que tienes que apoyarte para cenar, que deja bastante que desear tanto a nivel estilístico como de higiene.

Pues sí. Quizá así empieza el pensamiento de un arquitecto que entra en cualquier local… Aparte del tema de la accesibilidad y unas cuantas tonterías, por supuesto… La carta, al margen de los menús de degustación, es bastante breve, tanto que si compartís dos entrantes y tres platos, básicamente podréis decir que habéis probado el 50% de los platos del restaurante. Pero como no se trata sólo de ir a cenar, sino de experimentar la cocina de autor, lo primero que haréis será disponeros a cenar antes de cenar.

La selección de bocados de Sergi Arola constituirá una deliciosa primera cena en la que probaréis todo tipo de sabores y texturas, una experiencia para los sentidos en toda regla. De esas que le hacen a uno -si es arquitecto- preguntarse sobre las similitudes y diferencias que existen entre la forma en que percibimos un plato y una sala. Lo rápido que se degusta un bocado, con montones de sensaciones en apenas unos segundos, frente a los años que hacen falta para percibir todos los matices cambiantes de una obra de arquitectura. Y la importancia que, en ambos casos, cobra la impecable técnica del autor para conseguir llegar al corazón del cliente.

Luego están las florituras. Las interminables explicaciones sobre los platos, su correcto orden y cómo cogerlos. Con la mano, con palillos… Es una cosa divertida, pero de esas que no terminan de hacerte sentir cómodo y preguntarte si acaso es que está prohibido coger con un tenedor el rollito o intentar partir este bocado en dos… Salvo las bombas. Ojo con las bombas, que deben explotar en la boca y recordarnos la importancia de las texturas, y del factor sorpresa… -Y qué pocos arquitectos he visto manejar estos mismos ingredientes con este mismo fin de forma adecuada…

Después de tanta experiencia gastronómica, he de decir que los platos que pedimos estaban bien sabrosos, pero pierden algo de esa gracia de ir probando bocaditos con manual de instrucciones 😉 Procurad no pedir demasiado, pues tras el postre… ¡Hay sorpresa! No os la quiero chafar, sólo avisaros porque tampoco es plan de que comáis demasiado y no podáis disfrutar de la noche al completo…

Honestamente, lo de anoche fue una especie de casualidad, de casualidad necesaria… No sé si lo sabéis, pero con la aplicación de El Tenedor que os recomendé hace unas semanas, el Sergi-Arola Gastro puede reservarse con un 40% de descuento. Es decir, puedes cenar por el precio de un plato principal de Sergi Arola, así que no está nada mal… Sobre todo para los paladares más jóvenes. Me imagino que cuando uno va probando cada vez más cocina de autor, se vuelve más difícil de sorprender, pero sin duda es una buena forma de instarnos a los menos experimentados a iniciarnos en un mundo que, si bien aborrecería en mi día a día, cobra cada vez más fuerza y está más de moda. Porque comer, para muchos en este mundo, ya no se trata de llenar el estómago… Y ojalá fuera igual para todos…

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